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CICLO INICIAL BÁSICO

La alegría como base del aprendizaje

Diversos estudios en neurociencias señalan que sin emoción no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria.

La neurociencia cognitiva ya nos indica, a través del estudio de la actividad de las diferentes áreas del cerebro y sus funciones que solo puede ser verdaderamente aprendido aquello que te dice algo, aquello que llama la atención y genera emoción, aquello que es diferente y sobresale de la monotonía.

La atención, ventana del conocimiento, despierta cuando hay algo nuevo en el entorno y esta atención nace de algo que puede significar curiosidad, interés y motivación en los estudiantes.

Los seres humanos no somos seres racionales a secas, sino más bien seres primero emocionales y luego racionales. Y, además, sociales.

Esta realidad nos lleva a entender que un enfoque emocional es primordial para aprender y memorizar, y, desde luego, para enseñar. Nos lleva a entender que lo que mejor se aprende es aquello que se ama, aquello que te dice algo, aquello que, de alguna manera, resuena y es consonante con lo que emocionalmente llevamos dentro. Cuando tal cosa ocurre, sobre todo en el despertar del aprendizaje en los niños, sus ojos brillan, resplandecen, se llenan de alegría, de sentido, y eso les empuja a aprender.

Con todo lo que antecede, es claro, que lo que enciende el aprendizaje es la emoción y, en ella, la curiosidad y, luego, la atención. Debemos enseñar con creatividad, imaginación, y sobre todo…con placer. Que el espacio de aula  sea un espacio cálido, donde se pueda transmitir la pasión por el conocimiento y el descubrimiento.

Paola Ponce Bolado

Directora Ciclo Básico